Abuelitas ¿Violentas o violentadas?

POR ELISA CASTELAZO

Como buena abuelita latinoamericana, mi abue nos mostraba su cariño a través de la comida. Hoy, aunque ya no está con nosotros, las nietas replicamos sus recetas y sin saberlo o consentirlo también algunas actitudes de su época.

Levante la mano quien en casa de su abue:

  • La que cocinaba comía hasta el final porque estaba sirviendo.
  • A los hombres se les servía primero.
  • Las mujeres recogían y lavaban los platos.
  • Si cocinabas algo o llevabas a cabo alguna tarea te decían : “ya te puedes casar”o “eres muy buena muchacha”.

Por peras o manzanas nuestras abues crecieron violentadas psicológicamente por un sistema machista, como un acto de supervivencia muchas lo aceptaron o se adaptaron a él. Al adoptarlo y sin saberlo agredieron a nuestros padres con el mismo sistema y ellos a nosotros. Así es como hoy este sistema se ha mantenido vigente. Es como una herencia que nadie pidió pero que todos tenemos.

Con el tiempo y mucha información, estas actitudes se han ido difuminando y han disminuido en un porcentaje de la población. Lo que antes se hacía por educación o tradición hoy en día por lo menos se cuestiona. Sin embargo existen algunas acciones o actitudes que, como el glutamato monosódico en la comida, sabemos nos hacen daño pero no sabemos que están ahí.

Acá te dejamos algunos casos en donde tú o algún conocido podría estar siendo machista sin darse cuenta.

  • Decir yo “ayudo” en las tareas del hogar, asumiendo que el trabajo es de una sola persona y yo estoy ayudando, no participando en igualdad.
  • Sentirse incómodo porque el sueldo de la mujer es más alto .
  • Asumir la heterosexualidad de alguien.
  • Proponer jugar deportes de contacto únicamente a los varones
  • Preguntar a los sobrinos si ya le gusta algún chico/a.
  • Preguntar ¿para cuándo los hijos?
  • Pagar o dejar pagar de forma sistemática una cuenta suponiendo que es lo que se espera de mí.
  • Describir a una mujer como “poco femenina” o hacer comentarios sobre el aspecto de ellas cuando no lo hago sobre el de ellos.
  • Decir la frase: “¿Cómo voy a ser machista si soy homosexual?”
  • Decir “esas no son formas de hablar para una señorita.” Asumiendo que el correcto uso del lenguaje es exclusivo de un género.
  • No salir con alguien por su estatura.
  • Presentar a una mujer como : “Es la mujer de…” en lugar de por su nombre y profesión.
  • Intentar ser amable y llamar “guapa” a una mujer a la que no conozco.
  • Callar ante el comentario machista de alguien.

Referirse al conjunto de ciudadanos que buscan la igualdad como “las feministas”, en femenino, asumiendo que es una lucha únicamente reservada a las mujeres.

Si te cachas en alguno te invitamos a que reflexiones e intentes eliminarlo. Así eventualmente y Dios mediante (como diría mi abue) lograremos una generación más justa.

Si quieres clavarte como Cristo en la cruz te recomendamos el libro: “No son micro. Machismos cotidianos” ​de De la Garza y Derbez, en donde explican más a fondo y con 98 ejemplos cómo vivimos el machismo día a día.

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