¿Cuánto se tardan en sanar las heridas?

POR MICHELLE RODRÍGUEZ CHIW

Vivimos en una sociedad que se encuentra en la constante búsqueda de una verdad absoluta que apele a la razón; sin embargo, pocas veces se nos educa para conocer nuestras emociones frente a sucesos que irremediablemente nos duelen; así como la manera que podemos sanar cada una de las heridas originadas por una clase de violencia. Recuerdo una cita Dostoyevski que, cuando leí Memorias del subsuelo, me estremeció porque tocó un tema sensible respecto a mi situación en aquellos meses: “Ya ven que la razón no es más que la razón y sólo satisface la facultad intelectiva del hombre”.

El punto en el que te percatas de la importancia que se le da al conocimiento cultural frente al conocimiento empírico puede representar un antes y un después de cómo trabajamos nuestras emociones y por tanto, nuestras heridas. Reconocer nuestras emociones es el primer paso para poder sentirlas, vivirlas, procesarlas, pero es la razón la que nos ayuda a decidir qué permitimos que nos afecte. Claro que suena mucho más sencillo cuando se lee en un texto o se escucha en palabras de otra persona, pero lo cierto es que el proceso es complicado e, incluso, agobiante.

Existen estereotipos y prejuicios vinculados a las emociones y a los estados de ánimo; que si el enojo es sinónimo de violencia; que si la tristeza se elimina pensando positivo; que si la felicidad es el punto cumbre del humano. Sucede entonces que estos referentes nos han mostrado una idea de lo que sí y no podemos sentir y de alguna manera esto es lo que afecta la forma en que expresamos las emociones llevándonos a la autocensura por tantos prejuicios. 

Es indiscutible que no todas las heridas son iguales; no es suficiente con acudir a terapia si nuestra convicción por reconocernos a nosotras mismas no se encuentra presente. En ese reconocimiento en cuando podemos mostrar cuánto tiempo nos llevará sanar alguna llaga anímica que nos incomoda en actividades cotidianas o que, en muchos casos, llega a nosotros con pensamientos destructivos por las madrugadas. Es esencial atisbar que los tiempos para cerrar ciclos y continuar con nuestras existencias no tienen límites estipulados de forma normativa. Si así fuera, las emociones serían solo una idea científica más con la cual estaríamos en deuda en caso de fallarla. Las mismas, por lo pronto, simbolizan, más bien, este lado humano sensitivo, suspicaz, genuino que no necesita el resultado de 2 + 2; pues, como la poesía, salen de las fronteras de lo que nos han mostrado como única realidad para encontrar nuevas maneras de interpretar el ego frente a un universo lo suficientemente grande como para intimidarnos.

Que nos digan cómo sentir, cómo pensar, cómo solucionar algo que sólo nosotrxs estamos padeciendo es, también, una forma de esclavitud. 

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