Gordofobia y la desaprobación de mi cuerpo

POR: CHARLY COMPEÁN

Recuerdo que la primera vez que escuché el término body positive y vi de qué iba, lo reprobé y pensé “eso no es sano”. Y no importó cuántas veces lo viera, siempre me incomodaba, hasta que lo comprendí: la gordura me era incómoda de ver, de aceptar, de amar.

Y eso es algo muy difícil de reconocer para una persona a la que han llamado “gordita” desde niña, que aprendió a reprobar la imagen que le devolvía el espejo cada vez que se miraba en él, que se la ha vivido de dieta en dieta desde los 11, que cada vez que iba de compras solo se quedaba mirando porque no había ropa de su talla, y que siempre pensó que lo mejor que le podría pasar en la vida era ser (por fin) delgada. 

Para mí siempre fue muy normal pensar que mi felicidad estaba en el futuro, pero uno en el que yo era delgada y, por lo tanto: agradable de ver, completamente aceptada, fácil de amar. Porque siendo gorda, no me sentía merecedora de nada de esto.

Escribo todo esto no solo porque es una buena forma de seguir reconciliándome conmigo misma, también lo escribo para ti porque quiero que sepas algo: no es tu culpa no poder amar tu cuerpo si eres o te sientes gorda. 

No es tu culpa porque las ideas detrás del rechazo y de todos esos insultos a ti misma se te dieron sin que las pidieras y sin darte opción a escoger otras. La gordofobia está tan aceptada en nuestra cultura que ni siquiera se preocupa por ocultarse; te dicen: “eres tú la que debe de cambiar, eres tú la que no cabes en el mundo siendo gorda, eres tú la que eres invisible, a la que no miran, la que no protagoniza las grandes historias de amor, la que tiene que ocultar su cuerpo debajo de ropa que probablemente no le gusta, la que no puede ser exitosa…” Y todo está al alcance de un frasco de pastillas milagrosas o de la dieta de moda.

Poder decir en voz alta “soy gordofóbica” me tomó varias sesiones de terapia, pero me ayudó a ponerle nombre a todo ese conjunto de insultos, malos tratos y rechazos que consciente e inconscientemente ejerzo sobre mi cuerpo y mi autoestima. Es cierto, el sobrepeso puede ser una señal de algunos hábitos que vale la pena revisar, pero es inmensamente diferente hacerlo desde el odio a hacerlo desde el amor propio. 

Así que si leíste hasta este punto, no estás sola. Habemos muchas personas que estamos juntas también en la lucha contra la gordofobia, propia y ajena. Que queremos y merecemos algo mejor para nuestros cuerpos, y que lo estamos buscando desde la reconciliación, la comprensión, la aceptación y la libertad.

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