¿Quiénes pueden sufrir violencia?

POR MICHELLE RODRÍGUEZ CHIW

A veces nos parecen cuentos chinos, quizá por lo lejano que pareciera estar de nuestra realidad aquello a lo que se le reconoce como violencia; sin embargo, cuando uno comienza a relacionarse una, dos, tres veces con personas distintas puede percibir que está más cercana a nosotrxs de lo que hubiésemos creído. La violencia, así como el amor, está en el aire. 

Con mortales, más allá de que seamos muggles con nula disposición de poderes, me refiero a la separación que hacemos entre lo que le pasa a las personas que vemos en los medios y lo que nos pasa a nosotrxs, quienes hemos llegado a creer que estamos separados por mundos distintos, pese a que no es así. Cuántas veces hemos creído que la violencia sólo la viven aquellas personas que aparecen en las noticias, los periódicos, las series. Incluso, podemos llegar a creer que “a mí nunca podría pasarme”; pero sea cual sea la circunstancia o contexto en el que vivamos, existe esa gran posibilidad de que algún día sea yo quien pueda experimentar esa sensación irremediable de tristeza al percatarme de que estoy sufriendo violencia en una relación. Ese chapuzón de realidad que nos deja reconocer que las cifras no están cambiando para bien. 

En muchas ocasiones vinculamos la violencia con un nivel socioeconómico estereotipado; en otras tantas, con una formación académica; mas, en mi experiencia, ni siquiera una preparación humanística y una frecuente introspección eximen a alguien de ser violento. Es claro que, antes de comenzar a vincularnos de manera afectiva con alguien, observamos de manera superficial los elementos que lo caracterizan; además, en el proceso de enamoramiento, vivimos destacando aquellos puntos que nos atraen de la otra persona, así que ¿Cuándo nos damos cuenta de que la violencia está ahí? ¿Cuándo dejamos de creer que eso no nos pasaría a nosotrxs?

La manera de estereotipar la violencia y a los agresores, así como las actitudes misóginas y machistas tienden a realizarse a través de características comunes de conducta, por lo tanto, cuando conocemos a alguien que efectúa violencia de otra manera, nos parece complicado encasillarlo en esta categoría. De manera personal, al haber estudiado letras y relacionarme con personas que estudiaron alguna carrera de humanidades o ciencias sociales, creí por mucho tiempo que sería complejo que pudiera hallarme en un noviazgo violento, ¡qué equivocada estaba!

Quizá la elección del tema central fue mero pretexto para hablar de lo que en realidad deseo exponer: los intelectuales también violentan. El haber estado en una relación con violencia psicológica ejercida por un intelectual me hizo percatar de que todos aquellos prejuicios que se tienen sobre cómo luce un agresor son generalizaciones que impiden o hacen más lento el que reconozcamos que podemos ser heridxs. Al escuchar casos similares, me pareció inevitable querer tocar este tema que cada vez posee más voces de queja; pues esta inteligencia que debería ser la que nos hace discernir entre actuar de manera hiriente o no hacerlo, también puede ser la precursora de un indudable egocentrismo del que devienen actos como el silenciamiento; el desprestigio, la minimización y la competitividad. 

Es complejo llegar a nombrar lo que vivimos de la forma adecuada, pues, además de indagar sobre los temas en cuestión, debemos hacer una labor de análisis que nos ayude a dilucidar qué está sucediendo en nuestras relaciones y no sólo justificar aquellas acciones por medio de nuestros sentimientos  o considerarlas sucesos aislados. Encontrar patrones de conducta nos ayuda a asir todo lo que está sucediendo; lo cual no es erróneo ni carece de fundamentos; sin embargo, colocar los hechos de manera concreta; así como profundizar en ellos nos dejará ver un panorama esclarecedor que funja como un nuevo horizonte para conocernos a nosotrxs mismxs y a nuestras formas de relacionarnos con lo otros, sean nuestras novixs, esposxs, padres, hermanxs o amigxs. 

Empecemos a considerar que la violencia está tan extendida que cualquiera puede ser efectuarla. Que traten de apagar nuestras voces es el primer indicio de que algo no anda bien, ¡les deseo de manera ferviente que puedan irse a la primera! 

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