Relato de un derrumbe

POR ANA BANANA

Hace unos días me derrumbé y herí a la persona que más amo en el mundo… Escribir esto no ha sido sencillo, estas últimas semanas han puesto a prueba mi confianza, mi autoestima y por ende, mi felicidad… todo comenzó cuando empecé a sentirme disminuida, que lo que hago no sirve para nada y para nadie, me volví perfeccionista y obsesiva pero esos sentimientos que iba arrastrando no sólo no se fueron, me desbordaron.

Llegaba el lunes y con él un mensaje que me puso todo en perspectiva, la semana apenas comenzaba y desde ese momento ya no pintaba bien, sentí un hueco en el estómago empezó a crecer y se llenó un poquito de miedo, otro poquito de coraje y mucho de inseguridad. Empecé a despotricar en mi cabeza, en fin estaba muy enojada; conforme pasaba el día el sentimiento de enojo se convirtió en algo peor, en vergüenza de mí y de mis capacidades… sí, era una de esas semanas oscuras en las que por más que quieres, piensas que la luz no está ni un poco cerca. Inevitablemente, mi cuerpo no pudo más, empecé a sentir una opresión en el pecho y mis ojos estallaron en lágrimas, comencé a decirle a mi esposo lo infeliz que me sentía, lo vacía y rota que estaba, en ese momento en mi cabeza no me hacía sentido el porqué alguien querría estar conmigo, si me sentía perdida.

Afortunadamente corrí con mi terapeuta y le conté todos estos sentimientos, empezó a desmenuzarlos y a cuestionarme acerca de ellos. Poco a poco fui dándome cuenta que mi problema no está realmente en la calidad de mi trabajo, sino que en cómo las personas lo entienden o simplemente no lo entienden y no puedo ser responsable por eso; mi obsesión por controlar lo que está alrededor mío me hace difícil ver todo lo que hago bien.

Puedes encontrarte en el camino muchas personas que valoran lo que haces y que suman contigo, sobre todo que te brindan apoyo emocional tan importante en estos casos , pero muchas veces la mente nos juega muy sucio haciéndonos creer que necesitamos aprobaciones que nos desgastan porque los estándares nunca son suficientes. El acudir con la psicóloga, con una profesional, hablar abiertamente de lo que siento sin miedo a ser juzgada, me permitió darme cuenta que suelo poner mi felicidad en manos de otras personas, y que muchas veces frustro mi trabajo sólo porque alguien no me escucha o no lo entiende, responsabilizándose de algo en lo que solamente no tengo control.

Mi felicidad y mi satisfacción es mi responsabilidad, aún tengo mucho trabajo interno por hacer, pero me queda claro que lo único que puedo controlar son mis circunstancias y lo que yo hago; así que hoy celebro mis logros, hoy me enorgullezco de mis avances, hoy trabajo dando lo mejor de mí y sobretodo me siento feliz de la mujer que soy.

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