Y no… Estar soltera no es una moda

POR NADIA ALAMILLO

Es viernes por la noche, eres soltera y te preguntas: “¿Por qué no estoy allá afuera teniendo una noche loca con mis amigas, todas con una copa de vino en la mano para celebrar nuestra libertad? O mejor aún, ¿Por qué no tengo citas cada semana que terminan en una noche de sexo desenfrenado y sin compromiso?” Porque digo, si soy soltera debo divertirme y sacarle provecho a esta etapa…

Y es que justo es esa la soltería que vemos en las películas, series, canciones y por supuesto las redes sociales. Entonces, ¿yo qué estoy haciendo mal? ¿qué me falta que no soy así de empoderada y atrevida?, ¿a caso no soy lo suficientemente feminista? – Sigue escribiendo mientras suena… “porque estar soltera es-tá de mo-da…”

Y es que no existe una especie de “feministómetro” que nos coloque en algún nivel para disfrutar o no de la soltería, el ser feminista para nada va en contra de querer compartir la vida en pareja. Últimamente he pensado mucho en esto y les voy a contar cómo lo veo yo con todo lo que eso implica, sin ser dueña de ninguna verdad y después de la perspectiva que me ha regalado el feminismo a través de charlas con amigas, lecturas y colectivos a los que sigo.

Creo que las mujeres llevamos ya muchos años tratando de quitarle piedras a la mochilita del deber ser que nos puso en la espalda la sociedad y ¡vaya que nos está costando trabajo! Una de estas piedritas se llama “Soltería”, porque claro, desde niñas fuimos educadas para cumplir roles de género, uno de ellos es ponernos como meta estar en pareja y entender la soledad como un fracaso, como algo negativo que nos aleja de la vida soñada, de la historia de amor que alimenta la idea del mito romántico (hoy dejaré de lado el tema de la maternidad y la familia perfecta porque de piedrita pasaríamos al montículo sagrado del “deber ser” femenino”).

Hoy por hoy estamos luchando con tanta fuerza contra la idea de que “una mujer no puede ser feliz sin un hombre” que nos estamos poniendo estándares de felicidad, éxito, autorrealización y empoderamiento que no son una posibilidad para todas. Parece que quisiéramos gritarle al mundo: “mira cómo no necesito de nadie, mira lo plena que soy”, y qué bueno cuando es genuino.

Pero qué pasa si no, qué pasa si con tal de demostrar nuestro punto y vernos así de enteras sufrimos y nos dolemos por dentro, bajamos la cortina, apagamos la cámara y nos deshacemos solitas, que nadie nos vea para no mostrarnos débiles y vulnerables por extrañar a la expareja, porque deseamos tener un compañero, o porque algunas noches la soledad lastima sin piedad.

¿Qué bandera sacamos si aún no estamos en lo que para cada una significa la cima del éxito, o si nuestras amigas ya tienen familia y lo último en lo que piensan es en salir de fiesta; y qué si no hemos podido ligarnos a nadie desde la última ruptura amorosa hace años? ¿Qué pasa cuando ese poder se siente más como una fachada que como un idilio con nosotras mismas? Ahí es hora de replantear.

  • Lo primero es cuestionar el deber ser, desaprender lo que nos enseñaron desde niñas, concientizar que nuestra felicidad no depende de estar en pareja, nuestra felicidad es una total responsabilidad para con nosotras mismas.

  • Relacionémonos con la soltería como una elección no como una circunstancia.

  • No eres menos feminista por tener esos momentos en los que quisieras ester en pareja y desear una cercanía afectiva emocional y física.

  • No hay puntos extremos en los que la soltería sea de las etapas más más divertidas en la vida ni tampoco la más trágica o dolorosa, cada quien la vida a su forma.

  • Otro mito nos dice que el costo que pagan las mujeres poderosas es no estar en pareja, y no, nuestro status profesional no está atado al personal.

  • Si algo nos ha enseñado el feminismo es que nos liberamos y tomamos poder de nosotras mismas, es cuando logramos ser honestas con nuestro interior, cuando reconocemos lo que queremos y lo que no dándole voz y empatía a la persona más importante de todas: tú misma.

Aceptarnos y valorarnos con todas esas diferencias que nos hacen únicas, romper con los roles de género, el deber ser y llevarnos al cuestionamiento interno es el primer acercamiento a entablar una relación sana con nosotras mismas para que esos momentos en los que se esté en soltería, se viva desde una perspectiva completamente diferente. Es importante contar con apoyo y guía para afrontar y vivir estos procesos con herramientas que nos ayuden a fortalecernos desde el interior, quizás ir a terapia, acercarnos a nuestras amigas que han recorrido un camino más largo, a colectivos o activistas, puede resultar en un nuevo despertar interno.

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