Terapia con perspectiva de género

POR NADIA ALAMILLO

Tenemos que proteger nuestras mentes y cuerpos, y no solo salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos”.


Simone Biles

Esas fueron las palabras con las que Simone Biles, gimnasta olímpica de Estados Unidos dio tremendo golpe en la mesa poniendo el tema de la Salud Mental en boca de todos. Y si bien es cierto que en los últimos años, sobretodo a raíz de la pandemia, la conversación al respecto se está empezando a abrir, hoy me gustaría retarla un poquito más todavía, y hablar de Salud Mental con Perspectiva de Género. Pues como veremos, hay una diferencia grande entre ser una persona con problemas de salud mental y ser una MUJER con problemas de salud mental.

Quiero partir del concepto “género”, entendiéndolo como la construcción social/cultural que se le da tanto al hombre como a la mujer, y que determina los roles que se ven obligados a desempeñar dentro de la sociedad. Estos, son fundamentales al hablar de salud mental en la mujer. ¿Por qué?

Empecemos por el estigma, cuántas veces hemos escuchado cosas como: “vieja loca”, “seguro anda en sus días”, “nomás necesita macho”, “todas son unas histéricas”, y me podría seguir de largo. Esto por supuesto, compromete el relato de las mujeres con problemas de salud mental, ya que se les da poca credibilidad y descalifica sus emociones y pensamientos. Y en el caso de mujeres que sufren algún tipo de violencia o abuso, también compromete sus vidas.

Es así como las mujeres desarrollan un “autoestigma”, interiorizando y asumiendo los prejuicios sociales, lo que da como resultado una percepción negativa de sí mismas. Entonces piensan: “si yo soy la responsable de la situación en la que estoy y cómo me siento, para qué voy a pedir ayuda, probablemente merezco lo que me pasa”.

No es para nada exagerado decir que los factores negativos que influyen en la salud mental de los hombres son muy diferentes a los que se asocian con las mujeres, y no estoy diciendo que nuestros factores sean más importantes, simplemente es necesario identificarlos para poder aspirar a un tratamiento que no quede en la generalidad, la ignorancia y la discriminación. Por eso te cuento algunos de ellos: 

  • Sobreprotección y desvalorización por parte de la familia; por ejemplo: relegarlas a tareas del hogar, no dejarlas salir, incredulidad ante su desarrollo profesional, etc. Contribuyendo así a su baja autoestima y autovaloración. 
  • Las cargas familiares y el rol de “cuidadoras”, pues son las mujeres quienes asumen la mayoría de las veces las responsabilidades familiares, limitando sus oportunidades de desarrollo personal.
  • Los altos estándares de belleza y estereotipos femeninos, que por supuesto son inalcanzables y totalmente alejados de la realidad.
  • Estancamiento en su desarrollo laboral, pues como sabemos en el ámbito profesional sigue existiendo una brecha salarial y de oportunidades de crecimiento en relación con los hombres. Lo que en muchos casos llega al punto de tener apenas el dinero suficiente para el día a día.
  • Violencia de género, el número de mujeres que viven o han vivido algún tipo de violencia/abuso es alarmante. Estas experiencias generan nerviosismo, depresión, irritabilidad, desesperación, cambios constantes de humor y dolencias físicas.

Estas son solo algunas de las problemáticas que deberían ser tomadas muy en serio a la hora de ofrecer cualquier tipo de terapia a las mujeres con problemas de salud mental. Profundizar y entender la raíz de una depresión, ansiedad, insomnio, mal humor, etc. Es indispensable para descubrir la verdadera causa del problema y poder ofrecer una solución real y empática a las pacientes.

El trabajo de recuperación con perspectiva de género no se trata de segregar, sino de adecuar las intervenciones a las necesidades de las mujeres para darles visibilidad. Aquí tenemos dos retos con los que quiero concluir; el primero como sociedad, donde nos toca aprender a escuchar más a las mujeres, no hacer prejuicios basados en el sexo, ser más empáticos e informarnos acerca de la perspectiva de género para no caer en discursos sexistas y cero equitativos. 

Y el segundo, es para los profesionales de la salud mental, para que sean conscientes del rol que juegan ante una mujer que necesita ayuda psicológica y/o psiquiátrica, donde más allá de ser facilitadores y orientadores, sepan acompañarlas en el proceso, comprender el fondo y empoderarlas, así como sensibilizar a la comunidad respecto a la desigualdad y violencia en este ámbito, ya que por desgracia operan de manera invisible y son reproducidas por toda la sociedad. Así que, el desafío también incluye: abordar a los hombres desde su condición de género y alzar la voz como instituciones mentales para la creación de políticas públicas.    

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