¿Él es un 10 y yo un 8?

POR CHARLY COMPEAN

“En el libro “El arte de amar”, Erich Fromm explica que vivimos en una cultura basada en el deseo de comprar y que nos hace pensar en el amor como un objeto al cual podemos acceder según lo que tengamos para ofrecer (y no es dinero, precisamente)”

Empecemos por un juego muy rápido. Levanta los dedos de una mano y baja uno por cada vez que estés de acuerdo o hayas experimentado una situación similar de las que aquí te muestro. ¿Lista?

Baja un dedo si:

  1. Crees o has creído que tu pareja es un mejor partido del que tú eres.
  2. Sientes la necesidad de ser complaciente todo el tiempo con tu pareja, para compensar no ser suficientemente bonita.
  3. Te has sentido afortunada porque tu pareja podría estar con alguien mejor, pero te eligió a ti.
  4. Has pensado que las actitudes groseras de tu pareja son tolerables por su físico o por miedo a que nadie te vuelva a amar “como él lo hace”.
  5. Has sentido que no puedes demostrar molestia o pedirle algo por miedo a perderlo.

¿Cómo te fue? No te preocupes si no quedó ningún dedo arriba, hay una explicación para todo esto.

En el libro “El arte de amar”, Erich Fromm explica que vivimos en una cultura basada en el deseo de comprar y que nos hace pensar en el amor como un objeto al cual podemos acceder según lo que tengamos para ofrecer (y no es dinero, precisamente). Es así que Mujeres y hombres nos mostramos a los otros desde un aparador esperando que a alguien “le alcance” para obtener nuestro amor.

Y aunque esto no es del todo malo porque sin duda es sano conocer qué sí y qué no estamos dispuestas a aceptar en una pareja, el problema es cuando nos colocamos en el aparador sin conocer estos límites y desde la necesidad de ser amadas y validadas. Cuando hacemos esto, es más fácil creer que alguien es un 10 por ser “romántico” y regalarnos flores después de una pelea en la que se puso violento o nos dio el mínimo de respeto que cualquier ser humano merece.

¿Y qué puedes hacer ante esta situación?

Reencuéntrate con tu valor como persona, como pareja, como mujer. Estoy segura que tienes más cualidades de las que te atreves a aceptar, quizá por pena o porque te dijeron que tenías que ser humilde con esas cosas.

Te propongo una nueva dinámica: escribe en una hoja “soy valiosa porque” y piensa sin pena ni tapujos en todo aquello que te hace extraordinaria. Por ejemplo: te hiciste escuchar en una situación incómoda, aprendiste una habilidad nueva, notas cosas que alguien más no, tienes una sensibilidad única… ¡Hazlo!

Estoy segura que se te agotarán primero los dedos de las manos y los pies, para contar todas las características que te hacen valiosísima más allá de un 10… o un 20.

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