Luces, cámara y ¿Amor?

POR ANA LILIA HERNÁNDEZ ROMERO

“Hoy por hoy, las plataformas de streaming como Netflix y Amazon, nos presentan películas románticas y series de todas las formas y elecciones, aunque la mayoría está llevando a las mujeres a reflexionar sobre la elección de su propio camino y de su propia felicidad”

En esta temporada de lluvias no hay mejor plan que llegar a tu casa después de un día lleno de actividades, prepararte un chocolate caliente o un té y sentarte a ver una buena película; mi película favorita, que siempre veo y aún más cuando empiezan a caer las primeras gotas de lluvia de la temporada es Tienes un e-mail de Nora Ephron, donde Meg Ryan y Tom Hanks protagonizan esta comedia romántica de finales del siglo pasado. Y esta película me gusta, porque en vez de quedar anhelando al final de la película, el amor que formaron Katheleen Kelly y Joe Fox, yo quedé enamorada de la independencia y la fortaleza de esta mujer que interpreta Meg Ryan, de cómo desde el inicio es ella; durante, sigue siendo ella y al final permanece siendo ella, el felices para siempre no cambia su vida, solo la complementa, así de simple.

Hollywood nos tiene acostumbradas a presentarnos estos romances de estereotipo donde el popular se enamora de la no tan guapa ni popular alumna; donde el “feo” es mágicamente arreglado y se convierte en un hermoso cisne quedándose de nuevo con la no tan popular chica de la escuela. El cine de forma errónea nos ha hecho creer en este cuento mágico de que el amor y las parejas perfectas están, así como la hierba que crece en el jardín después de la primera lluvia. Es muy raro encontrarte con esa película que hable realmente del amor.

Te hablaré de una que rompe con todos los estereotipos de película romántica y esa es “los Puentes de Madison”, una película que fue estrenada en 1995 y es protagonizada por Clint Eastwood y Meryl Streep. La mayor parte del largometraje sucede en los años 80´s en una población rural de algún lugar de Estados Unidos. Para no hacer spoiler a la película, la protagonista es una mujer de treinta y tantos casada y con dos hijos, viviendo como ama de casa dedicada exclusivamente a atender a su esposo y sus hijos, actividad que la hacía feliz (o eso creía), hasta que aparece un fotógrafo (Clint Eastwood) que en un fin de semana llega a cambiarle su vida.

Por este personaje, el fotógrafo, ella empieza a cuestionar su vida, sus decisiones y que es lo que ella realmente deseaba; ella empieza a recordar que su idea de salir al mundo era otra, ella esta clara que sus hijos son de las mejores cosas que le han pasado en la vida y en buena parte son su razón de ser, pero, y ¿Dónde queda SU razón de ser? ¿Dónde esta la razón de nosotras para poder elegir el camino que nosotras queremos?. Es allí donde la película hace reflexionar y nos hace cuestionarnos si realmente el lugar en el que estamos es nuestra decisión o estamos aquí porqué era nuestro deber estar.

Si hago referencia a éstas dos películas en específico, es porque me llevaron a un lugar diferente que no es el romance (aunque las películas estén catalogadas como románticas). En los 90´s todas las películas giraban en torno a un romance de esos de novela, donde la mujer sólo vivía por y a través del hombre y de lo que él eligiera, situación en que las que crecimos en esos años, nos quedamos en la cabeza que debemos ser fieles seguidoras del marido o del hombre en cuestión y de sus decisiones, que tenemos que ser de tal y cual forma para poder “embonar” en la “pareja perfecta”; nos hicieron creer que nuestro fin último y el bueno es llegar a estar en pareja. Y ¿eso es real? ¿De verdad necesitamos LA PAREJA para poder ser felices?

Hoy por hoy, las plataformas de streaming como Netflix y Amazon, nos presentan películas románticas y series de todas las formas y elecciones, aunque la mayoría está llevando a las mujeres a reflexionar sobre la elección de su propio camino y de su propia felicidad; de este encuentro primero consigo misma, para después ir a buscar el “algo mas” (sea lo que sea).

El cine en general, ha ayudado en crear estereotipos de todo en nuestra cabeza, lo que ha generado que nos cuadremos dentro de un estándar que NO existe, lo peor, nos medimos con esa regla y ¿qué pasa después? Terminamos frustrándonos porque nuestra vida no es exactamente igual a la de la película.

El “felices para siempre” no existe. Lo único que existe es el ahora, disfrutar y saborear este momento en el que estamos, hacer lo que realmente nos mueva sin pensar en el quién, ni el cómo… simplemente en el para qué.

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