Sometida a la opinión ¿A la opinión de quién? ¿Por?

Por Karla Muñoz @pampanaa

“Es momento de dejar ir las ideas que nos hacen sentir que le debemos algo a alguien, solo por el hecho de ser mujer”.

Por décadas las mujeres hemos crecido bajo las creencias de todo lo que debemos de ser, buena hija, hermana, novia, esposa, y le podremos agregar un largo etc. 

Y con estas ideas vamos construyéndonos ideas sobre quienes somos gracias a las opiniones y requerimientos que las familias y la sociedad se van haciendo sobre nosotras y el ideal de mujer. Y sin ser conscientes de ello nos vamos autogenerando expectativas y metas que muchas veces están alejadas a lo que realmente queremos.

Cuantas veces hemos escuchado a mujeres que hacen lo que hacen porque es lo que de cierta forma mantiene felices a los demás, ya sea académicamente, laboral o familiar. 

“Es que no me encanta la carrera, pero es lo que querían mis papás que estudiara” “No me encanta el trabajo, pero, todos me dicen que me debería de sentir afortunada de tenerlo” “por eso decidí” “por eso” “es que” y entre tantas justificaciones se terminan perdiendo nuestros “yo quiero”. 

  • Podemos estar cansadas
  • Podemos cambiar de opinión
  • Podemos querer hijos o no
  • Podemos quedarnos donde estamos
  • Y todo esto y más, está, bien.

Rompamos la creencia de que haciendo feliz a los demás, nosotras estaremos felices, basta de sacrificios absurdos que hacen que las vidas pasen en un parpadear. Ya basta de hacer de los sueños de otros nuestros sueños. Parte del trabajo de fomentarnos amor propio es entender que no le debemos nuestra vida a las expectativas de nadie, ni familia, ni amigos, ni sociedad. Somos las responsables de nuestra felicidad, de nuestros logros, nuestras derrotas y de nuestros procesos.

Somos y podemos ser lo que queramos, algunas veces tardaremos más, otras, será tan fácil que nos preguntaremos por qué no lo hicimos antes. Pero al final, con buenas o malas decisiones serán nuestras. Y de eso, se trata, de comenzar a tomar nuestras propias decisiones sin pensar si haremos felices a los demás. 

Dejemos los debemos y comencemos a trabajar con los quiero, con el paso del tiempo veremos los resultados de liberarnos de esas cadenas ficticias.  

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