Mi primera Marcha #8M

Por Karla Muñoz

«¿Para qué te expones? ¡Esas no son formas de pedir las cosas! ¡Con una marcha y rayando paredes no vas a cambiar nada!«

¿Nada? La realidad es que aún no se han logrado TODOS los cambios que queremos, pero vaya que sí han cambiado algunas cosas. 

La marcha del 8M del 2020 fue la primera a la que asistí, cuando iba caminando al monumento de la revolución, recuerdo tener esa sensación de emoción y nervios. Me sentía tan acompañada que el miedo lo deje en el momento que entre a la plancha y me vi rodeada de verde y morado.  

Es muy fácil señalar cuando nos encontramos en una posición que nos favorece y desde ahí, creemos tener el derecho de juzgar y cuestionar las situaciones de otras mujeres.  ¿Pero por qué no se va de su casa? ¿Por qué no denuncia? ¿Por qué espero tanto para hacerlo? ¡Es claro que fue su culpa! Sí, yo estuviera en su lugar… 

Pero no lo estamos, ninguna de nosotras podemos estar en el lugar de otra mujer y por lo mismo, no podemos juzgar sus decisiones. Y es por esta razón que es importante escuchar para poder empatizar, y eso hice ese 8M.

Las historias narradas en aquel templete frente a Palacio de Bellas Artes, me retumbaron en lo más profundo

¿Cómo es que estas historias no han logrado tener apoyo? ¿Cómo es que podemos continuar viviendo sin empatizar con tantas desapariciones, violaciones, golpes? ¿Por qué el gobierno solo habla de cifras? ¿Por qué no mejor hablamos de las vidas violadas, truncadas, destruidas, ignoradas?

Y es que todas las historias duelen, y duelen en lo más profundo.

  • El feminicidio de una abuelita de 80 años que creyó que por su edad y vivir en una comunidad pequeña no le pasaría nada.
  • La historia de una madre aterrorizada porque un Juez había fallado a favor de su ex marido para quitarle la custodia de su hijo. Sí, las autoridades le estaban entregando su hijo al hombre que la había golpeado hasta mandarla al hospital.
  • La historia de una adolescente que con todo el dolor subió a contar como su abuelo, había abusado de ella por años y al denunciarlo TODA su familia le había dado la espalda.

Por esta razón es importante escuchar para poder empatizar. Ojalá todas pudiéramos estar protegidas, ojalá ninguna tuviera que sufrir algún crimen, ojalá.

Pero mientras sucede esto, debemos de entender que dentro de una marcha, cada una habla y grita desde sus experiencias. Los fragmentos tergiversados que pueden llegar a mostrarnos los medios no son más que eso, fragmentos.

Y es que estamos hartas y mucho. El proceso de deconstrucción es cansado, frustrante y largo. Es desafiante y agotador reconocer tanta violencia, reconocer tantas frases machistas en nuestro día a día. Es frustrante ver como a tantas mujeres parece no importarles lo que esta pasando, como es más fácil decir frases sin sentido defendiendo un patriarcado generacional, antes de siquiera querer escuchar las voces de mujeres que buscan un cambio.

A esas personas que siguen creyendo que no son formas, que deberíamos de buscar maneras más pacíficas para levantar la voz, les digo que si nunca hubiéramos gritado, quemado y expuesto todo lo que estaba mal las generaciones de nuestras abuelas, madres y bisabuelas, hoy, seguiríamos pidiendo permiso a algún hombre para poder salir, estudiar o tener una cuenta bancaria.

La lucha no es solo una marcha un par de veces al año, la lucha es diaria. Y eso no debemos olvidarlo. Por los mismo, la búsqueda de justicia se me grabó en lo más profundo.

Aquel #8M me sentí segura cuando las compañeras del bloque negro salieron en primera línea para defendernos de aquellas granaderas que nos aventaban liquido de extintor, me sentí protegida cuando una señora me agarro del brazo y me dijo que no me dejara provocar por aquella granadera que nos estaba pegando con su escudo en los tobillos mientras estábamos pasando. Nunca me había sentido más protegida como cuando en la rodada feminista del año pasado un grupo de chavitas no dudaron en regresarse a enfrentar a un conductor que nos gritaba y nos aventaba el coche sobre insurgentes.

Aunque la marcha del #8M del 2020 no fue la primera en nuestro país, para mi, fue un parteaguas, ya que pude reconocer que hay más voces que buscan lo mismo que yo, fue aquella en la que miles, cientos de miles de mujeres nos pudimos reunir para que se escuchara fuerte y claro que estamos hartas y que ya nunca más nos vamos a quedar calladas.

Así que te invito a que jamás vuelvas a quedarte callada, porque nuestras voces y nuestras acciones, harán temblar todo.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: